Presente continuo

No sé por qué te molestas en leer esto que estoy escribiendo porque sinceramente lo hago por diversión, por pasar el rato, pero no pensando en ti, ni mucho menos en que te diviertas con ello. Es más, te apuesto lo que quieras que te voy a hacer pasar un rato malo donde los haya, de ésos que querrías hacer desaparecer de tu vida con solo chasquear los dedos.

La verdad es que me gustaría que dejases de leer en este preciso instante, justo en esta misma palabra, no en la siguiente, en ésta, porque ésta es la que yo he elegido para que así sea, ya que es la que tiene que ser. Tiene que ser ésta porque en el hipotético caso que te haya dado por seguir leyendo para saber de qué va todo esto puede que te arrastre a leer un par de páginas más y será entonces cuando tendrás la creciente necesidad de llegar hasta el final. Y advertido quedas, no va a ser como crees que va a ser.

Sé que no me estás haciendo caso y continúas avanzando por el texto porque no sabes bien de qué va todo esto, te puede la curiosidad. La curiosidad es uno de tus defectos al que estoy sacando partido en mi provecho.

Mi provecho es enredarte en la lectura de la historia que estás leyendo hasta el punto de hacerte olvidar que habías quedado con Marta. No pongas cara de palomino atontado porque lo sepa, es de dominio público lo que querías hacer con ella en el día de hoy.

Ahora mismo te preguntas que como diablos sé quien es Marta, pero eso no es lo importante. Lo que debería hacerte pensar es que sé que ella es la chica de la que te enamoraste la pasada primavera como si no hubiera más mujeres en este mundo. Tanto se te metió dentro que te entraron los temores de siempre y una vez pasado el verano la abandonaste sin siquiera darle una explicación, porque eres especialista en salir corriendo cuando la cosa se pone seria y el asunto huele a compromiso.

Recuerda que unos párrafos más arriba te advertí lo que te iba a pasar si seguías leyendo. No me hiciste caso, con lo que tú y solo tú eres responsable de lo que está sucediendo desde este mismo instante.

Está sucediendo que tenías entradas para el partido de futbol del siglo. Ése que enfrentaba a tu equipo preferido con el eterno rival. No sueltes ese “joder” que acabas de escupir de forma tan abrupta porque ya no tiene remedio. Te has empeñado en continuar leyendo y se te ha hecho tarde, ya no llegas y eso que tenías entradas para el palco vip. A saber cuando tu equipo alcanza otra final, pero es lo que tiene que siguieras embobado con la lectura de un texto que no sabes de qué va pero que te está contando el presente tal y como está sucediendo.

Sucede que el teléfono lleva un buen rato sonando de forma repetitiva y tú sin prestarle atención. No, no es que lo tuvieras en silencio y no te hayas enterado, es que estás tan absorto en la lectura que ni lo has escuchado.

Estás mirando que tienes tropecientas llamadas de Marta. Es con ella con la que habías quedado para ir al fútbol. Te ha estado llamando para asegurarse que no la ibas a dejar compuesta y sin entradas en la misma puerta del estadio, qué es donde habíais quedado.

Deberías pensar en lo mucho que esta chica se preocupa por ti. Razones para el cuelgue que tiene contigo no existe ninguna. Es más, tu actitud debería conducirla a apartarse de ti, pero el amor tiende a perdonar el comportamiento imbécil de tipos como tú.

Ella te conoce mucho mejor de lo que te crees. Fue capaz de notar por tu tono de voz cuando la llamaste, después de tantos meses, para invitarla al fútbol que te rondan por la cabeza pensamientos grises tirando a negros. Es por lo que realmente accedió a ir al partido, porque eres tan desconsiderado que ni te has fijado que a ella el fútbol ni le va ni le viene, se preocupa por ti.

Su preocupación es de tal calibre que como ni le cogías el teléfono ni te has presentado a la cita ha llamado a la policía. Les ha pedido que se acercaran a tu casa porque no está segura que no vayas a cometer una tontería.

Marta tiene razón, has cometido una tontería, pero no de la clase que ella cree. Cuando llegue a tu casa en compañía de la policía vas a tener que explicar cómo te has quedado pillado con un texto que te ha estado contando los hechos que estaban aconteciendo en tu vida en el momento presente.

En fin, aquí lo dejo que no quiero ser la causa por la que la policía, que lleva llamando un buen rato a tu puerta acabe por derribar la misma.

Una última cosa antes de finalizar, la próxima vez cuando te diga que pares de leer hazme caso que sé por qué te lo digo.

Galiana

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