Borrachera de recuerdos

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La mayoría de las veces los escritores nos fijamos en frases pronunciadas dentro de un contexto apropiado para ellas, pero que nosotros sacamos del mismo porque nos atrapan de tal manera que partiendo de ellas somos capaces de crear una historia diferente.

La frase que llamó mi atención la escuché en un programa de radio, a altas horas de la madrugada, de ésos que oyes cuando el insomnio te dice aquí estoy yo. El programa en cuestión, y por mucho que lo parezca, no era de sexo sino de testimonios donde el personal llama y cuenta sus miserias porque realmente no tiene nadie más con quien compartirlas.

La frase en cuestión era: “Estoy cansado de tener erecciones matinales que no sirven para nada…”.

El reto que te propongo en el día de hoy consiste en escribir un relato inspirado en esta frase.

Como siempre que pido alguna cosa lo mejor es mostrar lo que uno hace, allá que va mi relato.

Borrachera de recuerdos

Se levantó con una erección que no le servía para nada, aquello no era nuevo en su vida sobre todo desde que Marta le había abandonado una vez había saciada su hambre de cosas que solo se compran con dinero.

Medio abrió un ojo. La luz que entraba por las rendijas de la persiana entreabierta no le permitía ver con claridad pero si lo suficiente como para darse cuenta que en su muñeca izquierda había tatuado un trisquel en el interior de una luna en cuarto creciente que nunca había estado allí. Intentó pensar cuándo, dónde y cómo se había hecho aquella imbecilidad pero el martilleo que sentía en el interior de la cabeza, producto de un salvaje resaca, no se lo permitía.

Trató de incorporarse en la cama pero a lo más que llegó fue a apoyarse en el cabecero. Miró la habitación donde estaba tratando de ubicarse. El lugar le resultaba familiar, como si hubiera estado allí más veces, pero a la vez extraño. Ignoraba como había llegado hasta allí, pero lo importante era regresar a casa cuanto antes.

La decoración era austera. El papel pintado de las paredes ajado, con el color casi borrado y fragmentado por algún lugar. Olía a esa mezcla de lejía y madera añeja curtida por el mar. Dedujo que debía estar en alguna de las casas del puerto. Intento oler el aroma marino pero no fue capaz de conseguirlo. Frente a la cama y enmarcada por dos ventanas con persianas tan viejas como el resto del cuarto, había una cómoda de madera desvencijada sobre la que reposaba un bolso de mujer. Junto al mueble un galán de noche vestido con su ropa. Imaginó que habría pasado la noche con alguna prostituta de las muchas del puerto.

Un nuevo intento por arrastrar el cuerpo fuera de la cama. Fue en ese momento cuando descubrió que junto a él había una mujer pelirroja que le daba la espalda. Pensó que sería la dueña del bolso y de la casa.

Se levantó procurando no despertar a la mujer que yacía junto a él. Se dirigió hacia donde estaba la ropa y empezó a vestirse.

Se puso los pantalones directamente, sin tratar de buscar sus calzoncillos, después hizo lo propio con la camisa. Le sorprendió el olor a detergente de la misma, lo que le sugirió que la pelirroja de la cama debía haberla lavado. Metió la corbata en el bolsillo de la americana una vez se la hubo puesto. Se puso los zapatos sin calcetines, tampoco hizo por buscarlos.

Mientras se vestía la pelirroja de la cama no se había movido. Agradecía que así fuera, podría marcharse sin tener que decirle adiós. De la americana sacó la cartera, estaba todo, incluso había algo de dinero, no mucho, el suficiente para dejarlo en la mesilla para no dejar deudas pendientes.

Se acercó a la cama. A los pies de la misma había un enorme charco de sangre.

Los recuerdos se le agolparon en el interior de la cabeza a la velocidad que se pasa una película marcha atrás hasta llegar al comienzo de la misma.

Había ido al puerto para olvidar el abandono de Marta, aquella rubia que le había fascinado hacía tres años en una fiesta. Siempre supo que era de esas mujeres que están con los hombres por dinero, pero aceptó el trato, con lo que no contó fue con que llegará a enamorarse de ella. Quizá por ello cuando le abandonó, por otro más joven con un título nobiliario pero con menos dinero, sintió que algo se le rompía por dentro.

El puerto era un lugar fascinante, donde perderse cuando se sentía perdido, fuera por los negocios o por la familia. No entendía por qué le gustaba ir hasta el lugar menos apropiado de la ciudad cada vez que algo le agobiaba.

Por olvidar el dolor que sentía llegó hasta allí. Entró en uno de los bares, de los muchos que hay por la zona. La pelirroja que yacía en la cama atendía. Un tipo grande y con la cabeza afeitada estaba al otro lado de la barra. Eran los tres únicos que estaban allí.

Ella le sirvió un whisky, no de la marca que él le pidió, pero el local no era de los que tenía el tipo de bebidas que solía tomar, así que aceptó sin más. Al momento el tipo calvo se acercó a él y le invitó a otro trago. Estuvieron invitándose mutuamente a varias rondas acompañados por la pelirroja. Pasados un rato entraron dos tipos morenos, amigos del calvo y se unieron a la fiesta. La camarera cerró la puerta y quitó la música alegando que era tarde y no quería multas. Todos aceptaron. El calvo propuso jugar al póquer. Los hombres jugaron y ella servía más bebida. Todo estaba controlado, hasta que la pelirroja discutió con el calvo por algo que no acababa de entender, respondía a un asunto pendiente entre ellos que afloraba gracias a la cantidad ingente de alcohol que todos habían ingerido. El intentó poner paz. Ella abrió la puerta y les mandó fuera. Salieron los cuatro lanzando no pocos improperios. Dando tumbos acabaron en el local de uno de los dos morenos que era tatuador. Él se tatuó el trisquel con la luna para no olvidar que nunca más debía ser un gilipollas con las mujeres.

Una vez terminado el tatuaje salió de allí solo con la intención de ir en busca de la pelirroja. La encontró echando el cierre exterior del bar. No se sorprendió al verle. Se besaron apasionadamente y ella le llevó a su casa.

Al entrar supo que en algún momento de su vida había estado allí, pero su infancia era un misterio pendiente del que tendría que ocuparse. Hasta la fecha no tenía la necesidad de saber cómo había llegado al orfanato donde con siete años había sido adoptado por un matrimonio que le había dado todo aquello que se puede adquirir con dinero.

Nada más entrar en la casa de la pelirroja sintió náuseas. Ella le condujo al baño donde vomitó manchándose la camisa. Como pudo llegó hasta la cama. Ella le desnudó y le acostó. Se durmió hasta que el cuerpo de la pelirroja a su lado le despertó buscando sexo. No había nada que hacer ya que la erección no llegaba. Ella se levantó, fue a la cocina. Regresó con un trozo de pan y un cuchillo en la mano. Se ofreció a prepararle algo de comer para ver si su aparato funcionaba. Él se levantó ofendido. Sobre el galán de noche estaba su ropa perfectamente colocada y limpia. Fue tras ella a la cocina. Le arrebató el cuchillo. Se lo puso en la garganta y la empujó hasta el dormitorio. Ella quería sexo, pues eso iba a tener. La llevó junto a la cama y la obligó a ponerse de rodillas. Dejó el cuchillo sobre la mesa. Le sujetó la cabeza con las manos y se la colocó a la altura del miembro. Ella sabía qué tenía hacer y no se resistió. Lograda la erección de forma violenta la colocó sobre la cama y se puso encima.

Los gemidos de fondo despertaron sus recuerdos.

Había vivido en aquella casa siendo un niño. Su madre había traído a un hombre a casa y le pidió que se encerrase en el baño. Lo hizo obedientemente, pero cuando escuchó los gritos de su madre salió. Vio a un tipo desnudo sobre ella. Fue a la cocina. Cogió un cuchillo. Regresó al dormitorio y se lo clavó al hombre que supuso le estaba haciendo daño.

La erección desapareció sin que hubiera terminado. Miró el cuchillo sobre la mesita de noche. Lo cogió y se lo clavó en el costado a la pelirroja. La tapó con la sábana y se tendió a su lado hasta quedarse dormido.

Galiana

 

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Acerca de Galiana

Escritora
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11 respuestas a Borrachera de recuerdos

  1. Magnífico relato, felicidades, un abrazo.

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  2. Formidable! Enhorabuena!

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  3. María dijo:

    UFFF Menudo desenlace. Muy bueno

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  4. Un gran desenlace. Gran relato.

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  5. Un gran desenlace. El ritmo del relato, perfecto.

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  6. Guillermo dijo:

    Fantástico desenlace digno de escenificaciones que pueden estar a caballo entre Hitchcock y Woody Allen.
    Chapó Galiana

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