Describiendo personajes

galiana 2015 Defendiendo personajes

Uno de los dilemas que tenemos los escritores es pensar en cómo describir a cada uno de nuestros personajes empezando por si lo hacemos o no. Podría ser que al hacerlo limitemos la imaginación del lector, aunque en determinados relatos suprimir la descripción podría condicionar la trama del mismo.

Como de costumbre será mejor dejar de teorizar sobre el tema y explicarlo como siempre hacemos con un relato.

“Un matrimonio que recién casado llega a un hotel de carretera. La noche les ha pillado antes de alcanzar su destino y prefieren dormir en algún lugar, aunque no sea muy salubre, que continuar camino porque él ha dado alguna que otra cabezada al volante y ella no sabe conducir.

Él es un tipo bajito, excesivamente delgado, un alfeñique. De pelo oscuro y encrespado que empieza a clarear por la coronilla, y para cubrir su alopecia se peina de una forma ridículamente extraña. Sale del coche torpemente, no porque esté medio dormido, es su forma de ser. Camina encorvado con pasos dubitativos e inseguros. Desde el aparcamiento a la entrada del hotel no habrá cinco metros y se para tres veces a colocarse las gafas sobre la nariz, es más un tic que una necesidad.

Ella es lo que podríamos calificar como una rubia explosiva. Lleva un vestido rojo ajustado, de ésos que marcan las caderas y realzan la cintura estrecha. Por supuesto luce un escote del que parece querer escaparse en cualquier momento su generoso busto. Realmente va vestida, pintada y peinada como si fuera ligarse a un pardillo en una noche de sábado en el bar de copas en un barrio de clase media de cualquier ciudad de cierta importancia. Camina clavando los tacones de aguja, contoneando las caderas sin percatarse que sólo el hombre que está a su lado puede fijarse en sus movimientos ya que no hay más personas por allí.

Nada más abrir la puerta de la recepción del hotel se encuentran con un viejo y destartalado mostrador de madera. Tras él la dueña del establecimiento les atiende con desgana.

Ella es una mujer de mediana edad. Lleva un jersey de cuello vuelto, tan sucio como el mostrador que la separa de los que serán sus clientes. Debajo de aquella prenda se adivina a la perfección que no lleva ropa interior. Sus pechos alguna vez fueron turgentes, hoy son víctimas de la gravedad, sus pezones se marcan debajo del tejido como si estuviera asustada o tuviera frío. La falda es estrecha, le viene por lo menos un par de tallas pequeña, quizás por eso la cremallera no está del todo subida. En la tela se marcan los elásticos de las diminutas bragas que lleva. El cabello mal recogido sobre la cabeza, debió haberse peinado esta mañana temprano o tal vez hace un par de días. Su aseo personal es el mismo que el del hotel que regenta, el mínimo. La pintura de sus ojos está corrida por debajo de los mismos y por el párpado. La boca está perfectamente dibujada con carmín, no en vano se la pintó al sentir parar el motor del coche frente a su establecimiento. Tras ella hay un casillero de madera igual de viejo que el mostrador, en el centro un cartel de “prohibido fumar”, pero ella entre sus dedos tiene los restos de un cigarrillo apagado a toda prisa.

El matrimonio contrata la habitación por una noche. Ella les pide el pago por adelantado. Él saca un fajo de billetes del bolsillo de su pantalón, procede a abonar el importe sin protestar por lo excesivo del mismo, y vuelve a meter el dinero sobrante donde estaba con anterioridad.

La dueña del hotel coge la llave del casillero que tiene tras ella. Les acompaña a la habitación arrastrando los pies. Les indica que nadie les va a molestar porque son los únicos clientes en esa noche. Caminan por un corredor de puertas cerradas, en su momento debieron dar directamente a la calle, ahora están protegidas por una cristalera a la que se accede desde la recepción.

De una de las puertas sale un tipo de unos dos metros de altura. El matrimonio les da las buenas noches. La voz de él suena medrosa, la de su mujer seductora, sensual y sexy. El hombre con el que se han cruzado tan solo emite un gruñido.

El sujeto en cuestión es de ésos que te los imaginas abriendo una de aquellas puertas cerradas de un empujón, o destrozando el mostrador de la recepción de un solo puñetazo. Lleva la cabeza tan afeitada como la cara. En mitad de la ceja derecha tiene una cicatriz que le sube por la frente y recorre su cabeza pelada hasta la nuca. El ojo derecho está ligeramente medio cerrado y deformado. La nariz se la debió romper probablemente en alguna pelea, puede que la que ocasionara la herida de la cabeza.

Al pasar junto al trío, la dueña del hotel, con voz aguardentosa le grita con autoridad y como si el hombre fuera sordo:

-Murphy, esta noche tienes trabajo, no le des demasiado a la botella que esto no es un centro de Hermanitas de la Caridad.

El marido tiembla, su mujer le da un golpe en la espalda para que camine erguido y no se acobarde. Entran en la habitación. La dueña antes de que cierren la puerta les dice casi susurrando:

-Si necesitan cualquier cosa no duden en llamar por teléfono a recepción. Yo no duermo cuando hay huéspedes y… Murphy estará en condiciones de atenderles.

La dueña del hotel regresa por el corredor acristalado hasta el viejo mostrador. Apoya la cabeza sobre el mismo y trata de dormir. Antes ha vuelto a encender el cigarrillo que había apagado cuando entró el matrimonio, lo deja después de dos bocanadas en un cenicero atestado de colillas para que se consuma. A continuación, saca una botella de vodka de debajo del mostrador y le pega un trago largo limpiándose la boca con la manga del jersey.

Murphy duerme tumbado en el sofá de la sala adjunta a la recepción. La botella de bourbon que hay sobre la mesa medio vacía indica que no hizo caso de las palabras de la dueña del hotel.

Poco de antes del amanecer suena el teléfono de recepción. La dueña del hotel tose un poco antes de contestar. Cuelga. Grita:

-Arriba holgazán. Te necesito para que arregles los estropicios que han hecho esos dos.

Murphy se levanta resacoso, se sienta mirando a la nada. Se sirve un vaso de bourbon. Se lo bebe de un trago. Va hacia la recepción. Apoya su cuerpo contra el mismo dejando el brazo descolgarse por el otro lado, por encima del mueble eleva una pesada caja de herramientas con una sola mano. Se dirige, con lentitud hacía la habitación que ocupa el matrimonio por el corredor de cristal.

La recepcionista del hotel llama por teléfono.

-Mande una ambulancia al hotel “Feliz amanecer” en el kilómetro 666. Una mujer está tendida sobre la cama y su marido cree que la ha asesinado.

La ambulancia llega una hora y media después.

El médico es…

Ahora te toca a ti describir al doctor.

Galiana

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Acerca de Galiana

Escritora
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23 respuestas a Describiendo personajes

  1. Jose dijo:

    … el médico es el hermano gemelo de Murphy. Aunque continúan viviendo en el mismo municipio, sus vidas hace tiempo que tomaron distintos derroteros, debido a la afición al alcohol de Murphy, que le envolvió en un ambiente sórdido y lumpen relacionándole con malas compañías. El médico es la versión bien trajeada y duchada de Murphy, sin la cicatriz que desfigura al de mantenimiento, pero con la misma complexión y aspecto de macho-imparable-al-que-no-se-le-puede-negar-nada. De hecho, el marido de la pareja que nos ocupa ha escogido ese hotel, aunque parezca que casualmente han aterrizado por allí, porque él también estudió medicina en la misma universidad que el médico, donde éste le conoció y utilizó. EL médico por aquellos tiempos andaba falto de liquidez económica, y el marido era mantenido generosamente por su familia, a la sazón dueña de diversos y muy rentables negocios. El marido fue seducido y dominado por el imponente ejemplar masculino que era el médico en aquella época, y éste conseguía del marido pingües beneficios a cambio de una relación de dominación homosexual, en la que la voluntad del marido estaba íntegramente en sus manos. O mejor dicho, en su entrepierna.

    Tan profundamente marcó aquel sometimiento al marido que, cuando décadas después decide asesinar a su mujer, tras varias crisis y zozobras que han dado al traste con su estabilidad mental, no se le ocurre otra cosa que acudir a aquel hotel del pueblo donde es consciente que vive su macho dominante para forzar un reencuentro trágico a la vez que comete el crimen que lleva preparando desde hace meses.

    La condición humana es retorcida y tortuosa y algunas marcas permanecen en el tiempo. El marido no sólo fue marcado a hierro en su cuerpo por las continuas vejaciones y sodomizaciones a que le sometía el que acabaría, con el paso del tiempo, como médico en aquel pueblo, sino que también fue atrapado permanentemente en su mente. Al regresar al encuentro de su amo para asesinar a su esposa de él (del marido) no hace sino cerrar un círculo tortuoso de su psiquis esclavizada.

    Me gusta el relato, Galiana 😉

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  2. El doctor, es decir el médico es precisamente el marido. Eso es lo que quiero que sea, luego cada cual puede creer y decir lo que le de en gana…

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  3. Challenge accepted:

    El médico es un hombre alto, de brazos largos. Hubiera sido bueno al baloncesto si no hubiera perdido hace tiempo la batalla contra la grasa. No es una gordura esférica y amigable: lo que aparece en el vestíbulo es una mole en forma de pera que anadea hacia recepción con la bata abriéndose sobre la barriga enfundada en el algodón verde de su uniforme de hospital, tenso hasta casi el desgarro. En su mano izquierda se ve un maletín pero no se ve el anillo de boda que no llevó tiempo suficiente como para dejarle marca en el dedo. El rostro grande y trapezoidal, de expresión taciturna está apuntalado por dos barbillas temblonas de grasa y los ojos, pequeños y apagados, tienen debajo unas bolsas hinchadas y violáceas que le hubieran permitido autodiagnosticarse algún tipo de enfermedad coronaria si hubiera tenido el más mínimo interés en su salud. Años de casos sin interés, de pacientes vociferantes y de burocracia embrutecedora han borrado el poco amor que alguna vez pudo sentir por su trabajo; casi prefiere que lo que le espera en la habitación sea un cadáver. Los muertos, piensa, no ponen demandas por mala praxis.
    La recepcionista señala el camino en silencio. El médico mira el cenicero lleno de colillas, los dedos amarillentos de nicotina, la botella de vodka a medio vaciar. Si hubiera sido el médico que alguna vez casi llegó a ser, le hubiera dicho algo sobre cuidarse y sobre beber menos.
    En vez de eso, se encoge de hombros y se dirige pesadamente hacia la habitación, seguido por el enfermero.

    El enfermero es…

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    • Galiana dijo:

      Así que me lanzas una propuesta. Acepto el reto y me pongo con ello en breve

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    • Galiana dijo:

      El enfermero está en esta vida porque de todo tiene que haber. Es un muchacho joven, demasiado joven. Lleva escrita la palabra inexperiencia en el rosto, el cual no podía ser más aniñado, esa niñez atractiva que gusta, atrae, seduce, enamora. Si no fuera por el uniforme podría pasar por modelo de revista o actor de serie juvenil.
      La recepcionista le echa un vistazo de arriba abajo. Piensa en que tipos como ése no se ven mucho por allí, y en que si no fuera porque está allí para lo que está probablemente le propondría visitar otra habitación.
      A Murphy el joven enfermero le turba. Es como a él le gustan, alto y con el cuerpo modelado en el gimnasio. Cuando pasa junto a él agacha la mirada, no vaya a ser que alguien pueda descubrir el gran secreto que esconde.
      Espero responder a tus expectativas

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    • jraigal dijo:

      Me apunto a la descripción de Galiana, abunda en el morbo sexual junto a la contradicción aparente de la turbación ante el joven enfermero de Murphy, con cuerpo de descargador de muelle y rostro patibulario. Mola esa transgresión de los estereotipos 😉

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  4. Juanjo dijo:

    El médico es bajito, bonachón y con papada de sapo. Habituado a las guardias, hace tiempo que sustituyó el estetoscopio por un pequeño termo de café bien cargado, que dejó olvidado en el reposavasos de la ambulancia.
    Con un aliento cargado de sueño y café, nada más entrar pregunta por la paciente mientras sus dedos gordezuelos como salchichas repiquetean impacientes en el viejo mostrador.
    Su temple forjado a base de largas noches de servicio va a ser desafiado dentro de muy poco por un hallazgo inesperado. El cuerpo de su primer enamoramiento adolescente tirado sin vida sobre la cama desvencijada de un hotal mugriento.

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  5. @salcofa dijo:

    Llega en médico, un hombre de unos cincuenta y muchos años, descuidado, aburrido de la vida, una persona de esas que no busca complicaciones en la vida, de esas que no necesita más que la rutina diaria de una vida triste y gris, sin ningún tipo de aliciente más que ir a tomar cerveza con los amigotes. Sin ganas sube a la habitación y mira alrededor, desganado, con su cabeza grande y calva (le costó más de un disgusto en su juventud, nunca se aceptó) y sin siquiera mirar el cuerpo, firmó la defunción por causas naturales a pesar del cordón arrancado del teléfono que yacía en el suelo, justo al lado del cadáver. El crimen quedaría impune pero él podría ir a tomar cerveza sin tener que responder nada al sheriff quien tampoco preguntaría

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  6. El médico… como diríamos… se parecía a alguien recién salido de un fumadero de opio. Era una persona de corta estatura. Daba la impresión de que no había ingerido ni una sola caloría en meses. La ropa, como si la hubiera heredado de su abuelo, le quedaba extremadamente grande. De hecho, la última persona que lavó la ropa fue probablemente su abuelo. Su olor corporal era una mezcla de semanas sin una simple ducha y olor a tabaco y alcohol, lo cual confirmaba que si no había salido de un fumadero de opio, al menos sí había salido del bar más mugriento y cercano a su casa. Este hecho parecía ser la causa más probable del retraso de hora y media en llegar al lugar…

    No soy muy bueno describiendo personajes. ¡Me ha costado un rato llegar a esto!

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  7. aylamany dijo:

    Se me ha borrado !!!!
    Probando, probando … Soy Frana voy a repetir en papel mientras pruebo de nuevo.

    Siempre tengo problemas con WordPress

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  8. aylamany dijo:

    El médico es de aspecto ratonil, si como tal entendemos mirada maliciosa a traves de unos pequeños ojos que de tan oscuros parecen poder prender como el carbón convirtiéndose en brasas. Bigote descuidado y alopecico del que aun destacan las migas de la ultima ingesta de alimentos. Sobre su camisa azul desteñida lucia de mala gana algo similar a una bata, que quizas alguna vez fue blanca, mas ahora destacaba un amarillento desagradable muy adecuado al lugar.

    Encorvado,con barriga cervecera, piernicorto, su rostro no mostro sorpresa al observar la habitación donde yacia la antescexplosiva, ahora muñeca rota cuyo maquillaje formaba amasijos teñidos de surcos negros antaño en las pestañas de sus ojos.

    Los labios finos apretados del doctor mientras se enfundaba los guantes, se notaba la tensión en su mandibula a pesar de la inminente papada, poco que destacar, su nariz no era aguileña, no pasaba de milano. El espectador no podria haber notado la chispa que estallo cuando los ojos del esposo, alli, esposado entre dos agentes y el medico se cruzaron, el viudo bajo la mirada, los ojillos ratoniles encogieron aun más.

    Silencio, el aire rancio y denso con aroma a antiguos sexos, viejos orines acompañaba la palpación casi lasciva del cuerpo de la recien casada y fallecida. El medico giro la vista a los agentes diciendoles casi con asco.

    – Soltadle, ha sido muerte natural, llevarlo al hospital y hoy mismo tendreis la autopsia y el informe.
    Estoy de guardia, por una vez tendre algo que hacer.

    Y miro el cuerpo de la rubia lujuriosamente. Alguno penso que quizas se hiciera algo mas que una autopsia. Un par de hombres de gris se ocuparon del cuerpo mientras los agentes quitaban las esposas a un marido, impavido, que se vestia cual robot, medio ido mientras una sola lagrima silenciosa caia sobre su mejilla.

    Habian pasado quince dias, en el hotel ” Feliz Amanecer” la propietaria se fumaba un cigarillo en la mesa repleta de manjares, su compañero tomaba un bourbon mientras pensaba en su nueva moto.
    Los otros dos comensales se habian retirado, se hallaban amandose apasionadamente allí, en aquella habitación. Viudo millonario y médico por fin daban rienda suelta a sus deseos.

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  9. El médico es un señor mayor. En su larga vida como tal ha visto todo tipo de situaciones, suicidios, crímenes pasionales, asesinatos cruentos….etc. etc. Se encuentra ya cansado de la vida; a veces le gustaria tener valor y suicidarse, pero sigue con su vida rutinaria. Mira a la fallecida y piensa “pobre chica, te quedaba toda una vida por vivir”. Firma elcertificado de defunción y llama a la policía.
    Ya en su casa le pregunta su esposa:”¿Qué ha pasado?”. “nada”, responde. Se acuesta y se duerme.

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