Buscando la trama perfecta

galiana octubre 2 2015

Hoy he hecho un experimento. He ido a mi librería de cabecera. Me he parado delante de la estantería, mirado el canto de los libros, y he esperado que mi mano se extendiera para elegir uno porque el título del mismo me dijera:

-Yo soy lo que quieres leer.

Una vez que el titulo ya me tenía lo suficientemente seducida, lo suyo es que hubiera mirado el nombre del colega que lo ha escrito, pero no, porque tengo experiencias de diversa índole. Los escritores consagrados algunas veces me defraudan, con lo que el nombre no es garantía de que el contenido me vaya a entusiasmar, por contra, otros a quienes desconocía renuevan mi fe en esta profesión

Titulo interesante, escritor que ni conocido ni desconocido sino todo lo contrario, toca leer la contraportada que es donde está la clave que me ayuda a decidir. Si el argumento de la trama me engancha nos vamos a caja, si se me tuerce la boca toca empezar a buscar otro ejemplar que llevarme a la vista porque mi intuición no suele engañarme nunca.

Una vez que he abonado el ejemplar vamos con la lectura del mismo, que es de lo que realmente se trata.

En las primeras páginas, entre diez o veinte, me tiene que despertar la necesidad de devorarlo. Como me salga el remoloneo la lectura se alarga infinitamente, acabar lo acabo por aquello de no hacerle el feo al colega, pero…

Llegados a este punto es evidente que lo que realmente engancha al lector es la trama, la cual la desarrollan los personajes, y tanto una como otra nos deben resultar creíbles.

¿Los lectores buscamos tramas que se ajusten a la realidad o preferimos que nos distancien de la misma, que para leer sobre nuestro día a día ya tenemos suficiente con vivir?

Es complicado contestar a esa pregunta. La comunión entre escritor y lector se produce en el punto en el que podemos sentir la realidad hasta que se va diluyendo lo justo y necesario para que el lector no nos mande al carajo en el capítulo siguiente.

Si los escritores somos capaces de encontrar ese punto la cosa va bien, pero hay que ir añadiendo algo más, porque ya sabemos que la trama siempre es planteamiento, nudo y desenlace. En las dos primeras partes podemos acertar de pleno los escritores, es en los finales donde, hagamos lo que hagamos, nos equivocamos la mayoría de las veces.

El lector espera que la trama acabe a su gusto, y para ello las únicas armas que tenemos los escritores son los protagonistas. Cuanto más estereotipados sean, más pasiones y odios despertarán en el lector y el asuntillo de que la trama esté cercana o no a la realidad puede hasta quedar en un segundo plano.

Pongamos un ejemplo de todo esto, que la teoría la conocemos pero ponerla en práctica no es tan fácil como parece.

Imaginemos un argumento sencillo, real, que todos pudiéramos imaginar que podemos vivir. El poder, el amor, el dinero, la religión y el sexo no pueden faltar en la trama. Los personajes van desde los ambiciosos y soberbios que piden a gritos un final con muerte de por medio, hasta delicados, simples y aburridos a los que dan ganas de zarandear para que abran los ojos de una puñetera vez.

Comencemos…

Muchacha joven bonita, hija de familia bien. Se enamora de un trabajador del negocio de su padre, y es correspondida por éste. El padre de ella piensa que su empleado pretende dar un braguetazo en toda regla. La madre no es que esté muy de acuerdo con eso de mezclar las clases sociales, pero está segura que el joven no es más que un capricho de su hija, con el que se obsesionará cuanto mayor oposición encuentre por lo que mejor dejar que la niña solita le mande a paseo y vuelva a casa a llorar en los brazos de mami que ya tiene preparado un paño de lágrimas a la medida de las posibilidades sociales y económicas de su hija.

Hasta aquí la trama es simple, sencilla, y conocida por todos.

Un inciso antes de seguir. Lo del braguetazo casi todos los hombres han deseado dar uno, pero para que no se nos acuse de mirar para un género cambiemos el sexo de los protagonistas. El resultado sería el cuento de la Cenicienta, con lo que muchas mujeres también han soñado alguna vez con hacerlo realidad.

Sigamos con la trama del relato.

Los enamorados tienen su romance en secreto pero el chico quiere que la relación se formalice, y ella sabe que su padre antes la manda a Australia con la excusa de hacer un master en da lo mismo qué, la cosa es poner distancia de por medio.

Ella, que va de lista por la vida, decide que la manera de hacer que su familia acepte la relación es un embarazo. Sus padres pertenecen a cierta organización religiosa para la que los hijos son un regalo de Dios, y uno no se deshace de una criatura en un quirófano.

Ya tenemos nuestra escena de sexo tórrida entre los dos amantes, y la religión dramatizándolo todo, como suele ser habitual.

Una vez logrado el embarazo, los amantes no creen tenerlas todas consigo, deciden que un matrimonio secreto es algo a lo que no van a oponerse los padres de ella.

Hasta aquí podría parecer un folletín de los de siempre, ramplón, poco imaginativo, ordinario, por no hablar de su previsibilidad. Toca ponerle un poco más de chicha o el lector se empezará a aburrir y tan solo llevamos un tercio del libro. Debemos girar la trama de alguna manera para que sigamos enganchando al lector.

Volvamos a la trama.

Los recién casados y futuros padres se presentan en la casa de ella, para anunciar las nuevas noticias.

Aquí es donde los escritores podemos estropearlo del todo.

En la vida real los padres, ante la dicha de su hija, aprietan los dientes, sonríen y en cuanto se quedan a solas se toman un Almax para que la úlcera de estómago no haga de las suyas con el sapo que acaban de engullir.

Nuestra familia resulta que no solo son de misa de domingo, también tienen relaciones con llamémosle una secta, hermandad, o como nos dé la gana que es quien de verdad tiene el poder, a través de la cual se controla los diferentes negocios en los que el padre está metido. Por supuesto la legalidad brilla por su ausencia, pero así es como se amasan las grandes fortunas y el que diga lo contrario miente como un bellaco.

El padre le expone abiertamente a su hija que lo de tener un heredero, porque será varón, ya que la madre fue incapaz de tener más hijos por la mala salud, le parece una idea acertada. Lo de que la madre contrajo una enfermedad venérea que él le contagio por su afición a frecuentar prostíbulos se lo va a callar porque tampoco es plan de revelar secretos de familia. Para que la parejita no se crea lo que no es, añade:

-De tu hijo deshacerme sería fácil, pero como bien sabes mis creencias religiosas y las de tu madre me impedirían cometer tal atrocidad. Lo que no debes dudar nunca es que los divorcios en esta familia siempre son bien recibidos, ve haciéndote a la idea que tras los fastos del bautizo se correrá la voz que no os lleváis nada bien, y pasado un tiempo prudencial tú saldrás de nuestra familia con una sustanciosa suma de dinero en el bolsillo. Mi hija sabe que tengo amigos con el poder suficiente para amargarte la existencia en el caso que te fueras de la lengua.

Ya tenemos al empresario, que sabe que su empleado acaba de dar un braguetazo con su heredera, haciendo de Don Vito Corleone gracias a su pertenencia a no sabemos qué sociedad, secreta y discreta, que se encarga de solventar determinados incómodos asuntillos familiares.

Recapitulemos, que parece que no, pero hemos avanzado mucho:

Tenemos una madre abnegada que con ser la “esposa de” ya tiene más que suficiente. El papel de bobalicona abnegada, sumisa, entrometida lo justo ya lo tenemos adjudicado.

Un padre prepotente, que ejerce de malo malísimo, petulante y soberbio, que se nos atraganta desde el principio. Le odiamos desde que aparece porque no se puede ser más mezquino.

Una hija enamorada, a la que someteremos a todo tipo de torturas como ponerla al borde de un aborto natural, complicaciones en el parto, con dudas sobre su futuro, con… todo lo que queramos. Tan buena que hasta al lector le dé pena y quiera que el escritor termine ya de hacerla pasar tantas calamidades.

Nos queda un personaje por definir, tal vez el que haga que nuestro relato sea más cercano a la realidad, con estereotipos incluidos, o más irreal que nada.

Aquí es donde voy a necesitar tu ayuda.

De él sabemos que es un empleado del negocio de la familia, pero… ¿Es el prototipo de hombre enamorado al que su familia política le pone trabas, o es un lobo disfrazado de piel de cordero?

Según sea este personaje podremos encontrar el desenlace de nuestra novela. Si el tipo es un bobalicón enamorado podremos convertirle en un héroe o en un mártir, ambas cosas dan mucho juego. Si es un jeta sin escrúpulos, un caza fortunas, deberemos ajustarnos a que la maldad solo puede terminar con castigo, porque como caigamos en la tentación de salvarle de la quema la mitad de los lectores nos odiarán por no seguir los cánones de lo establecido.

Tú decides como terminar este relato.

Galiana

 

 

 

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28 respuestas a Buscando la trama perfecta

  1. Hoy no me siento capacitado para terminar tu endemoniada trama, pero me voy a decidir por algo simple y tierno, me gusta más. Actualmente es raro que este personaje esté enamorado, pero creo que muchos lectores preferirán que todo no sea una verdadera estafa de la vida, esa que nos empeñamos en que sea radiante de felicidad; va a ser que lo tendrá difícil, pero a pesar de miles vicisitudes ella y el están enamorados y acabarán demostrando al prepotente del padre que no necesitan de su fortuna para salir adelante.
    Ya sé, pero me gusta dar en las narices al prepotente.

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  2. Pongamos un caso no muy alejado de la realidad. El padre tiene amigos poderosos en su hermandad, pero no sabe que el empleado también los tiene, en la misma hermandad y nunca ha lo ha dicho ni ha necesitado de ellos salvo para entrar a trabajar, y el padre no lo sabe. Cuando el padre le cuenta la historia, el empleado dice a todo que sí y cuando sale, se va a la hermandad a contar la historia. ¿Quién saldrá ganando?

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  3. Se me olvidaba decir que la vida es maravillosa, a pesar de que haya individuos que se empeñen en lo contrario, y sobre todo es única y hay que aprovechar que sea lo mejor posible para todos.

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  4. Fermín dijo:

    Después de varios años trabajándose pacientemente a la familia en general y a la hija en particular, el inspector Revuelta, de la división del Crimen Organizado, ha conseguido infiltrarse hasta el mismo núcleo de la trama delictiva y se dispone a recopilar todas las pruebas de que sea capaz para desmontar el chiringuito mafioso. Bien es cierto que, con el tiempo, el trato y, por qué no, el embarazo; ha ido desarrollando unos sentimientos hacia la hija que, si bien estaban fuera de la ecuación al principio, ahora enredan la madeja y complican sobremanera sus planes.

    El padre, torturando tiránicamente a su mujer a su hija, pone fácil la solución al policía de confesar su verdadera condición a su pareja y, juntos, diseñar la salida menos lesiva para sus intereses ensañándose con el cruel padre que, cuando quiere detectar el entramado, es demasiado tarde.

    Podría ser más elaborado pero me he encontrado la historia ya hecha. Yo, este tipo de historias, las suelo construir de fin a principio. Primero tengo el final ingenioso y sofisticado y voy construyendo hacia atrás de modo que todo cuadre.

    Besos.

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  5. Mejor nos iría a todos ¿no?

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  6. el lector dijo:

    Puede ser un tipo sin estereotipos… simplemente enamorado…., pero el amor es electroquímica y, por tanto, sujeto a la entropía: se paraliza y muere. Me temo que el tipo envejecerá en la empresa, divorciado y esperando -o no- la visita de los nietos

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  7. Guillermo dijo:

    Me gusta el título de esta nueva entrada. Me imagino la cantidad de auto-flagelaciones que se proporcionan much@s profesionales de las Letras para encontrar esa piedra filosofal: Un Planteamiento, un Nudo y un Desenlace que esclavice al lector desde la primera página.

    Felicidades Galiana

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  8. Alberto Vila dijo:

    Hola, querida amiga…Probemos con que el aspirante sea un bisexual frustrado que se propone liarse con el padre (eso le va mucho a los reprimidos de no sé que secta), lo de la hija va bien como fase inicial…pero él muchacho quiere integrarse en la secta u organización en cuestión….dale mucho sexo duro y en grupo, tras los muros de alguna abadía…y relata la ascensión del joven gestionando tramas corruptas, mientras su esposa se consuela de algún modo….¡en fín…debo estar guiado por esa confusión navideña de hacerla coincidir con el soslsticio!! ¡Buen 2016!!

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  9. Juan Ruiz dijo:

    Yo apuesto que el tipo es un ser desalmado que hace de bobalicon y a la madre le da lástima por lo que dejan que siga siendo de la familia, vamos como la mayoría de los hechos de este tipo en la vida real, porque los buenos no siempre ganan, más bien ganan poco. 🙂

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  10. Wescebú dijo:

    El chico resulta ser un infiltrado de un cartel y utiliza la empresa del padre para mover la mercancía.
    Les cuenta a sus jefes la situación y el padre sufre un “accidente mortal”, pasando el a dirigir la empresa.

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  11. jraigal dijo:

    Con una visión bastante negativa del ser humano me inclino a pensar que el joven realmente iba buscando el braguetazo, por lo que lo directo del ultimátum del padre bien puede que lo considere como una «oferta» definitiva o, si el joven es ambicioso y emprendedor, se atreva a presionar más para aumentar su precio, viendo el interés de su «suegro».

    En buena parte dependerá de la confianza del joven en si mismo y en el dominio que pueda tener sobre la chica.

    Otro curioso y provocador relato, Galiana. Enhorabuena, está pero que muy bien 😉

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  12. Maria dijo:

    El chico inicialmente está enamorado, pero poco a poco incentivado por las tentaciones se va corrompiendo hasta tal punto que logra ser El Padrino de la secta, para ello ha de pisar a su suegro y suegra y otros personajes importantes. Más he aquí que la ya su esposa y madre de su hijo es más lista que él y concluye la obra con La Madrina.
    Lo que he carcajeado con las respuestas.
    Un abrazo.

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